viernes, 20 de enero de 2012

Jardín del Edén

Relato Introductorio:
En Octubre de 2005, el Colegio Ofelia Uribe de Acosta (ántes "El Bosque") presentó un cese de actividades por dos semanas. Se trataba de una toma pacífica por parte de los estudiantes: Me incluyo. El motivo: No nos querían entregar la sede nueva del colegio, a pesar del constante bombardeo de promesas.

En medio de la toma y en compañía de unos amigos, decidimos probar una Tabla Ouija siguiendo al pié de la letra las instrucciones.
Transcurrido el tiempo, llegamos a la siguiente pregunta: -De los que estamos aquí, ¿Quién no va a conocer la cédula?-. Acto seguido, un tarrito de témpera se levantó de la mesa, salpicando únicamente a una de mis compañeras, quien estaba jugando con nosotros. Su nombre era Jenny Gómez.

Tiempo después, luego de haber recibido el grado de básica secundaria (Noveno o, pa' los papás cuarto de bachillerato), se nos dió por hacer la fiesta más "Berraca" del mundo. Así pués, la fiesta empezó, y ya llegando las diez de la noche llegáron la mamá y la hermana de Jenny, quienes nos dijeron que, por respeto a la niña, no hiciéramos fiestas:

...Resulta que Jenny había salido con el novio en la moto, y se accidentaron.

A él no le pasó nada. Ella murió.
Murió de 17 años, y efectivamente, como "La Tabla" lo había pronosticado, Jenny no conoció la cédula.


Recordando tal hecho, y otros previos con relación a ella, se me vino a la mente hacer un escrito. Tal vez la letra de otra canción (después de haber acariciado la idea de dejar la música).

En este escrito, quise plasmar una despedida. No como muchas que se conocen. Tal vez fué escrita muy tarde, pero creo que aún hay personas que, posiblemente, se sientan tocadas con este mensaje.

Lo dejaré como mensaje de despedida para aquellas personas que están próximas a dejar eso que llamamos "Vida".
Enfermos terminales, suicidas, en fin...

Es lo que, tal vez, debí decir antes de que ella nos dejara. Como si quisiera que se llevara un buen recuerdo de todos.

Si pudiera devolver el tiempo, teniendo conciencia del momento de su muerte, le habría dicho:


JARDÍN DEL EDÉN

El reloj nos anuncia que tal vez llegó la hora de marchar;
con temor, vemos el ocaso triste que da pasó al final.
Tiempo atrás, sueños e ilusiones querías ver hechos realidad.
Tiempo atrás, la alegría y la fe fueron tu luz, tu guía y tu hogar.

Fuiste princesa de un hermoso cuento;
a veces villana, heroína, odiosa y amada también.
Y, aunque no siempre fué todo como deseabas,
nacía una sonrisa y todo iba bien.

Libertad, juegos y canciones fueron pan diario para ti.
Ser feliz, y luego, en las noches, un buen cuento para dormir.
Compartir torta en los cumpleaños y también regalos en navidad;
devorar ochocientos dulces antes de quitarse el disfraz...

Si recuerdas algo de lo que aquí te cuento
y te conmueve pensar que en el fondo hace parte de ti,
y si tal vez deseas regresar a esos tiempos,
es porque has conjugado el verbo vivir.

Coro:
Quiero que alguien me explique por qué
todo lo bello tiene un final.
No entiendo por qué Dios nos da algo que luego nos quitará.
No quiero ningún funeral, ni que su llanto inunde mi ayer;
pues siento que aquí soy feliz. Este es mi jardín del Edén.

Despertar antes de las siete con afán para irte a estudiar
y aprender las vocales, los colores y también a contar.
¿Cuánto más debo mencionar para saber que fuiste feliz?
¡Créeme! De testigo está el payaso aquel que un día hizo "¡Achís!".

No te derrumbes antes de tiempo,
pues tan sólo hay un camino a seguir:
la tristeza y los fracasos son sólo desvíos.
Toma fuerte tu espada y ven a combatir.

...¡Y el amor! ¿Cómo no hablar de esto si es por él que tú estás aquí?:
tan fugaz como un estornudo y es tan cruel cuando llega el fin.
Tan capaz de poner tu ser como un volcán si se sabe amar.
Inmortal. Pues si su trono es la eternidad, será como un mar

tan inmenso como es el amor de tu Dios;
donde se bañará cada día el corazón.
Su abundancia ahogará la sed de tu alma,
pues, sólo el amor es quien vence al dolor.

Coro:
Antes de que te puedas marchar y que tu vida llegue a su fin,
yo quiero escucharte cantar; yo quiero volver a verte sonreír, pues,
antes de irte sabrás que un gran vacío nos dejarás.
Ya no sentirás más dolor: ahora tu alma podrá volar, pero antes yo quiero
que alguien me explique por qué todo lo bello tiene un final.

No entiendo por qué Dios nos da algo que luego nos quitará.
Hoy sé que mi llanto será un triste río inundando tu ayer,
mas cuando yo deba partir te veré en el Jardín del Edén.

La tristeza quedó en el ayer.
Tus sueños verás florecer.
Un ángel serás. ¡Créeme!.

Y vivirás con tu Dios en el Jardín del Edén.

Jefferson Parra.
21/VII/2010.