viernes, 20 de enero de 2012

Scorpions

El 9 de Septiembre de 2010, a eso de las seis de la tarde, estaba en mi casa que me cagaba de la piedra por no tener ni siquiera pa'l pasaje para ir al Parque Metropolitano Simón Bolívar a escuchar a los Scorpions, aunque fuese desde afuera. Finalmente, una llamada telefónica de mi Parcero del alma (Wilber Fabián Girón Mora), me confirmaba que no todo estaba perdido y que podía hacer presencia por lo menos a diez cuadras de distancia del evento.

Al llegar al parque, empecé a sentir el corazón: Tun - tún; y el culo: Tún - tao. Se escuchaba en la distancia la voz hermosa de las guitarras, y el frenético beat de la batería... y nada qué decir de ese rugido feroz del bajo que incitaba a mover la melena como Dios (El Dios del ROCK) manda. Pero lo que realmente erizaba mi melena poco glamourosa pero con espíritu y vida propia, era cada una de las frases pronunciadas por Klaus Meine; frases de canciones que, en su momento, fueron banda sonora de episodios importantes en mi vida, y episodios importantes a nivel Global. 

Llega el momento decisivo en el que mi compañero y yo nos lanzamos raudos y veloces hacia la reja, y emprendemos fuga por entre los frondosos bosques del parque, huyendo de los policías y las cuatrimotos con luces que se encargaban de prestar seguridad y arrestar a los asistentes ilegales (como nosotros).

Todo iba bien hasta el momento en que una manada de policías se dió cuenta de nuestra presencia, y emprendió camino hacia nosotros... decidimos, entonces, saltar de nuevo la reja, esta vez hacia afuera del parque. Así lo hicimos.

Al salir, nos dimos cuenta que estábamos en medio de los dos filtros que se hacen para el ingreso de los asistentes al concierto. Eso daba a entender que ya habíamos pasado el primer filtro.

Estuvimos un rato oyendo el concierto desde afuera, y rogándole a la policía y a la gente de logística que, por el amor de Dios (El Dios del ROCK), nos dejara entrar. Ellos se negaban. Finalmente, una de las chicas que estaba en ese momento con nosotros convenció a uno de "Los Duros" de la logística para que nos dejara entrar. Él accedió, pero con la condición de que nos dejáramos requisar, y afirmó que nosotros entrábamos al concierto bajo nuestra responsabilidad.



ENTRADA AL EVENTO:

Finalmente, emprendimos una veloz carrera hacia el centro de la plaza, huyendo de los policías que no dejaban de perseguirnos, "jalarnos" el cabello y lanzarnos la tonfa (el bolillo), cual si fuese un boomerang australiano. En medio de la frenética carrera "esquivando tombos" y acercándonos a la tarima, sentí (y sé que el resto también lo sintió) un montón de sentimientos. Un revoltijo de emociones que se incrementaba, mientras la banda sonora de nuestra huida era tocada en vivo por una LEYENDA VIVA DEL ROCK frente a nosotros...
Sentí taquicardia y la respiración se me aceleró...
Es como si en mis venas se posara el veneno, producto de la letal picadura de algún "Escorpion".


EL TOQUE:

Llegamos al encuentro con el Rock N' Roll tras una huida de película. La llegada fué algo extraña... por mi parte, mis rodillas se arrastraban por el suelo como lo hacen las de cualquier futbolista tras anotar el gol de la victoria, o como las rodillas de algunos guitarristas en el momento de tocar un solo afrodisíaco.

Luego de la arrastrada (y respectiva raspada de patas), mis ojos se llenaron de lágrimas cuando Klaus dijo: -¡Send Me An Angel!-.
En ese momento, con lágrimas en los ojos tratando de ver a los Scorpions con la bandera de mi patria cubriendo sus cuerpos y con el alma en éxtasis, abracé a mi parcero y le dije: -Huevón, ¡entramos!-.

No podía creer que después de tantos fracasos tratando de entrar a un concierto de tal magnitud, por fin lo había logrado, y lo mejor, es que éste concierto fué único... ...¡Orgásmico!...

Después de todo, podía decir "Here I am" a los cuatro vientos.

ATENCIÓN:

Pero lo que más erizó mi melena (a pesar de tenerla lisa), fué una canción que hace AÑOS no escuchaba. Un tema que, por causas circunstanciales se había quedado a vivir en el cementerio de los versos perdidos. Una canción cuyos mágicos acordes hicieron que mi mente despertara al pasado y de paso al corazón, recordándome también lo que le dije alguna vez: -¡Aún sigo amándote...
..."Still Loving You"!. 

Simplemente hermoso. Creo que subí a la gloria con ese tema. Creo que me hizo subir al cielo y chocar esos cinco con Dios (el Dios del Rock).


SOLO DE BATERÍA:

Llegó entonces el momento de gloria de James Kottak. La canción que estaban interpretando fué cortada de improviso, y los guitarristas, vocalista y bajista desaparecieron entre las sombras, dejando al baterista solo en la tarima, ante los ojos expectantes de los asistentes al concierto. En ese momento una ráfaga de beats invadió los oídos de todos, y los efectos de corto circuito le daban un toque mágico al solo de batería que anunciaba que James sigue igual de enérgico que siempre. En medio del solo, tomó su micrófono (porque también tenía) y nos dijo a todos algo así como: - ¡Get up you drinks!-; todos levantamos la bebida que llevábamos: algunos agua, otros vinito, y alguno por ahí llevó su media de Aguardiente Néctar. En ese momento, James quedó prendado de esa etiqueta roja que hace que todo colombiano se caiga de la perra y toda colombiana se vea más hermosa (sin importar cuán fea o perra se vea). 

Tomó, pués, un vaso que tenía detrás del bombo y empezó a verter ese líquido precioso que emana del anís, casi hasta completar medio vaso. Luego, con "pedalazos" al bombo empezó a pedir ánimos para empezar a calentar su garganta. En medio del "¡Hoo, hoo!" de la gente y el "¡Pum, pum!" del bombo, la bebida empezó a bajar por su boca y, posteriormente, entrañas. Luego de ésto, una sacudida a su melenuda cabeza anunciaba que el aguardiente comenzaba a hacer estragos en su "pescuezo" y nos lo confirmó con un "¡Ay, Jueputa!" que salía de su boca con tufo, y nos daba a entender que se empezaba a encariñar con Mi Colombia.

Luego, se dió la vuelta para mostrarnos el letrero de su chaleco: "You Kick Ass" (Ustedes patean traseros).
Se quitó el chaleco, y en su camiseta, tenía otro letrero más hermoso aún, hecho en lentejuelas o alguna otra cosa brillante, que decía: "ROCK & ROLL FOREVER".
Esa camiseta voló por los aires para dejar al descubierto el mismo juego de palabras, pero tatuado en la piel de su espalda. Más de uno juró tatuarse lo mismo tan pronto saliera del concierto, o por lo menos después de la quincena.


RAREZAS:

Una pirámide humana hecha por los dos guitarristas (Mattias Jabs y Rudolf Schenker) y Klaus el toda la cima, mientras el bajista (Pawel Maciwoda) y James (el batero) desde un segundo plano daban poder al final de "Big City Nights", dedicada con todo al amor del mundo a mi ciudad: Bogotá D.C., al igual que otro tema que confirmaba que somos únicos, y reafirmaba el amor que le tengo a mi ciudad (a pesar de las cagadas de Samuel y el resto de ex-alcaldes). Klaus nos dijo: -Bogotá, ¡There is "No One Like You"!-.


LO QUE ME SACÓ LA PIEDRA:

...Y, obvio, a los demás asistentes, fué la "canción" con la que cerraron el concierto: "Winds of Change", cantada a "capella" por Klaus, y pa' rematar: incompleta. Yo le dije a mi amigo que esperáramos por lo menos 15 minuticos, para ver si la cantaban con todos los juguetes. Esperamos más de 25 minutos, y no pasaba nada. Finalmente decidimos irnos para la casa con el rabo entre las piernas, pero con la satisfacción de haber asistido GRATIS a uno de los mejores conciertos a los que he asistido en mi vida. A pesar de todo Scorpions marcó una huella de gigante patón en mi corazón. 

¡GRACIAS, DIOS! (Del Rock).

                                                     Jefferson Parra.