viernes, 3 de febrero de 2012

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Madrugada. ¡Otra vez trasnochado!

Llego al punto de encuentro con un poco de hambre en los ojos y sueño estomacal. Pero uno de mis ángeles de la guarda acude a mi auxilio con dos almojábanas gigantes y agüita aromática con alguna yerba y fresas enanas silvestres "Made In Usme". Nuevamente tengo una sonrisa en la barriga gracias a mi parcera.

Esperamos un rato más mientras llegaba el transporte (gratuito y por cuenta de la alcaldía). Mientras tanto, cigarros pa' los pulmones. 

Subimos al bus y éste emprendió la marcha. Cada vez se iba subiendo más gente, pero tuve la fortuna de llevar mi sacro-santo culo sentado en la cojinería brincona que, en acto cívico, debemos cuidar ya que es para nuestro servicio.

Al llegar a nuestro Destino, mis oídos tuvieron que aguantar la parla politiquera de unos cuántos payasos con ínfulas altruistas, pero luego fueron aliviados por repiques de tambores. Aunque, a modo de montaña rusa, mi bienestar auditivo subía y bajaba estrepitosamente a causa de los gemidos de chivo lanzados desde la garganta y que pasaban por las fauces de aquella "cantante" que habían llevado los gaiteros:

"Camisola... aquí y allá...
 camisola... aquí y allá"

Por un momento nos percatamos de la ausencia de nicotina en nuestros pulmones. Por moción secundada y aprobada por ambos dos, fuimos a por cigarrettes. La tienda estaba un poco retirada del sitio en el que nos encontrábamos, pero toda caminata es válida cuando se ama a todo pulmón un Mustang, bien sea rojo o azul. 

Frente a la tienda, había un aviso que nos indicaba, topográficamente aunque sin coordenadas exactas, dónde nos hallábamos ubicados. Así pues, el letrero indicaba que estábamos cerca al río Mugroso. Me percaté de que, además de Mustang rojo Full Flavor, también tenía en mi boca un mordisco de $300 de salchichón y más allá, entre la calza de alguna muela, un túmix de $100 que me mentolaba el aliento. 

Y para darle un toque romántico a mi halitosis fétida, no podía faltar la banda sonora, que una vez más me recordaba que mi gran amor has sido tú.

Símplemente, imagínese contarle a sus nietos la escena: bañarse en el río mugroso pa' quedar más mugroso de lo que ya viene, mientras la jeta le huele a cigarrillo con salchichón y túmix de $100. Y aunque parezca ridículo, es una de las experiencias más agradables y por cierto, inolvidables desde que bajé a este valle de lágrimas. Y más aún, contando con la inigualable compañía de mi Parcera Chocoaventurera [admito que el apodo es bien culo, pero es casi una sugerencia de ella].

Luego decidimos devolvernos al lugar de donde habíamos salido, para llegar esta vez con los pulmones llenitos de humo azul. Aún estaban tocando los gaiteros y mientras el chivo se ponía la camisola, nos invitaron a desayunar, y para mi fortuna digestiva, nuevamente almojábana, pero esta vez acompañada de queso y creo que agua de panela. Luego, llegaron los carrangueros, con tradicionales polifonías autóctonas de la tierrita, y para cerrar con broche de oro... La Balada del Pistolero ejecutada con una copa de aguardiente. 


Chocoaventura que se respete debe tener chocolate, y esta no sería la excepción. Con el patrocinio de pastelería "Zukerino", en bandeja de icopor y forradas con vinipel, hallábanse dos tajadas casi enormes de torta de Brownie con Chocolate en cantidades alarmantes por encima y también en el relleno.


No hay razón para quejarme. Con los quejidos del chivo y su camisola basta.


Por lo tanto sólo agradeceré al cielo y a la alcaldía y, por último, pero no por eso menos importante, a mi Parcera Chocoaventurera, que bien sabe que la quiero.


Gracias por leer y nos veremos en breve. [Eso espero].